Hoy, 8 de marzo, conmemoramos el Día Internacional de la Mujer. Es un momento propicio para reflexionar sobre los logros alcanzados en materia de equidad de género, así como para insistir en los desafíos que aún persisten. Si observamos los datos de la OCDE, Costa Rica aparece en un lugar privilegiado tanto en la brecha salarial como en la representación parlamentaria. Y eso merece un reconocimiento: no estamos tan lejos de la cúspide como hace unos años. Sin embargo, no nos engañemos: un resultado relativamente bueno no es sinónimo de tenerlo todo resuelto.

En el primer gráfico, Costa Rica exhibe una de las brechas salariales de género más bajas dentro de la OCDE, apenas superada por un puñado de países. Aun así, no basta con decir “somos de los mejores”, cuando todavía hay mujeres costarricenses que enfrentan diferencias salariales por realizar el mismo trabajo que sus pares masculinos. El reto radica en garantizar que esta brecha, por pequeña que parezca, tienda a cero y que todos los sectores, desde la industria hasta el sector público, adopten políticas salariales transparentes y libres de sesgos de género.

El segundo gráfico muestra cómo Costa Rica se ubica entre los países con mayor representación femenina en el parlamento. Resulta alentador ver a tantas mujeres incursionando en espacios de poder legislativo, reflejo de años de reformas políticas y la fortaleza de un espíritu cívico que se enorgullece en reconocer la voz femenina. Pero, incluso estando por encima del promedio de la OCDE, debemos reconocer que la presencia de más mujeres en los escaños no siempre garantiza una igualdad real de condiciones. Aún faltan políticas que faciliten el acceso de las mujeres a posiciones de liderazgo y que aseguren su permanencia y crecimiento dentro de la función pública (por ejemplo, mejorando la conciliación entre familia y trabajo, y estableciendo incentivos para la formación continua).
Tenemos motivos para sentirnos satisfechos: nuestros avances son indiscutibles. Pero los desafíos, especialmente en los entornos laborales y políticos, nos exigen no quedarnos con la autocomplacencia. La equidad plena requiere voluntad, legislación robusta y acciones concretas, tanto de las autoridades como del sector privado y la sociedad civil.
En esta fecha, 8 de marzo, invito a reflexionar sobre estos avances y a redoblar el compromiso con la igualdad de oportunidades. Es momento de avanzar con paso firme hacia ese ideal donde, sin importar el género, cada costarricense pueda desarrollar su máximo potencial. Con la fuerza de nuestra tradición democrática y la convicción de que la igualdad de oportunidades impulsa la competitividad y el bienestar nacional, lograremos que esa brecha salarial se cierre definitivamente y que la voz femenina sea escuchada al más alto nivel de toma de decisiones.