Sobre los programas de gobierno: Frente Amplio


Hace tiempo creo que en política hay algo que escasea más que las ideas: la visión país. El mejor ejemplo de esto es la Asamblea Legislativa donde en lugar de ser el centro donde se construye el futuro de todos, es la oficina menor de gobierno donde se gestionan calles, puentes, desafectaciones, y se colocan personas para trabajar en el sector público. Algo así como una agencia de recursos humanos.

Los programas de gobierno, cuando existen, son un buen intento de aspirar a tener una visión país, aunque muchas veces no lo logran.

Por eso decidí revisar 8 de ellos (los que creo tienen alguna opción por la presidencia, por la Asamblea, o coinciden con mi visión ideológica), sin prejuicios (pero desde mi visión país), y compartir mi análisis como parte de una serie sobre las propuestas de quienes aspiran a gobernar Costa Rica en 2026. No pretendo convencer a nadie, solo ofrecer un punto de vista. Lo que un partido calla suele decir tanto como lo que promete.

Cada texto fue evaluado con base en 20 criterios que considero esenciales para cualquier proyecto serio de gobierno, entre ellos: respeto al individuo, a la libertad, a la propiedad, libre competencia y mercados abiertos,responsabilidad fiscal, eficiencia del Estado, transparencia, innovación y viabilidad práctica, etc. Mi intención es contribuir a un debate más informado, menos emocional y más útil.

El programa del Frente Amplio, encabezado por Ariel Robles, obtuvo una calificación de 2.0 sobre 5 en mi escala.

Un programa extenso, ideológicamente claro y fiscalmente imposible

El plan del Frente Amplio es, sin duda, el más ideológico de todos. Es también uno de los más largos, más ambiciosos y, paradójicamente, más irrealizables.

Su virtud es la coherencia: no esconde lo que piensa.

Su debilidad, en cambio, es la misma que ha perseguido a la izquierda latinoamericana durante décadas: la desconexión con los límites prácticos del Estado y de la economía.

El texto se sostiene sobre una premisa central: el Estado debe ser el protagonista de todo.

El problema no es solo la intención, que para algunos puede resultar noble, sino en la ejecución: el programa multiplica funciones, crea nuevas instituciones y amplía el gasto público como si los recursos fueran infinitos.

En un país con deuda pública que usualmente supera el 60 % del PIB, esa propuesta no es transformadora, es temeraria. El documento habla de “redistribuir la riqueza”, “recuperar la planificación”, “democratizar los sectores estratégicos” y “reconstruir el Estado social”.

Son frases de propaganda que suenan bien para su base, pero ninguna explica cómo se producirá más riqueza para luego redistribuirla. Esa omisión es reveladora: el programa entiende la economía como un juego de suma cero, donde unos ganan porque otros pierden. Y ese enfoque, en la práctica, desincentiva la inversión, el emprendimiento y la innovación, que son los verdaderos motores del desarrollo.

Un Estado para todo, menos para rendir cuentas

El Frente Amplio imagina el Estado Dios: omnipresente y omnipotente.

Quiere planificar la producción agrícola, controlar el comercio exterior, dirigir la banca pública, regular los precios y definir hasta la política salarial. El problema es que un Estado que pretende hacerlo todo termina sin hacer bien nada y lo que hace, usualmente lo hace mal. Muy mal..

La experiencia costarricense lo demuestra: cada nueva institución que se crea para “coordinar” acaba aumentando los costos, duplicando funciones y diluyendo la responsabilidad.

Tampoco hay una estrategia clara de rendición de cuentas.

El plan habla de participación ciudadana, pero desde una lógica vertical: el ciudadano “participa” cuando el Estado lo invita, no cuando exige. Y eso, en la práctica, reproduce el paternalismo que dice querer eliminar.

No hay referencia a metas de déficit o deuda, ni un planteamiento serio sobre la sostenibilidad fiscal. Se prometen aumentos salariales, ampliación de programas sociales y más gasto público en educación y salud, pero sin detallar financiamiento.

Incluso se plantea revisar los tratados de libre comercio y fortalecer el papel del Estado empresario, lo que generaría más rigidez, más burocracia y menos competitividad.

El resultado es un programa que confunde «justicia social» con expansión del aparato estatal.

Y aunque sus intenciones puedan ser sinceras, su efecto práctico sería exactamente el contrario de lo que proclama: más desigualdad, menos productividad y mayor dependencia del gasto público.

Sensibilidad social, pero sin conexión con la realidad

Hay algo que sí debe reconocerse: el Frente Amplio entiende bien el malestar ciudadano. Detecta la frustración con la desigualdad, el enojo con la corrupción y la fatiga con los privilegios de las élites. Su narrativa conecta emocionalmente con ese sentimiento de hartazgo y reivindicación, y eso explica su base electoral más fiel.

Sin embargo, la respuesta que ofrece es regresiva. En lugar de liberar al individuo del exceso de regulación, lo somete a más tutela. En lugar de abrir mercados y oportunidades, los encierra en proteccionismo. En lugar de promover competencia, propone planificación. Y en lugar de apostar por innovación, confía en controles administrativos.

La ironía es que muchas de las causas que el Frente Amplio dice combatir: desempleo, pobreza, concentración de poder tienen su raíz precisamente en el modelo de Estado que busca fortalecer.

La historia económica de América Latina ofrece suficientes ejemplos de lo que ocurre cuando el gasto sustituye la productividad y la ideología suplanta a la evidencia.

Mi lectura personal

El programa del Frente Amplio tiene coherencia, sin duda. Pero carece de realismo y margina la libertad personal en nombre del bien común.

Es un texto que coloca al Estado por encima del individuo. Tampoco hay un compromiso serio con la productividad o con la eficiencia. El programa habla de derechos, pero casi nunca de deberes. Y en política pública, sin equilibrio entre ambos, todo sistema termina quebrado.

No dudo de la integridad de quienes lo redactaron; se percibe convicción, compromiso y una lectura honesta de las desigualdades. Pero la solución no puede ser multiplicar ministerios ni asfixiar al sector productivo. La verdadera justicia social se construye con libertad, competencia y mérito, no con decretos.

Conclusión

El programa del Frente Amplio representa una visión consistente y predecible: la del Súper-Estado como eje moral y económico de la sociedad. Esa claridad ideológica es paradojicamente su mayor fortaleza; pero también su mayor debilidad.

Porque en un país donde el 75 % de los ciudadanos, según el CIEP, ya no se identifica con ningún partido, lo que la gente busca no es ideología, sino soluciones. El documento no carece de sensibilidad; carece de viabilidad.

Y aunque la política necesita empatía, también necesita límites. Costa Rica no puede darse el lujo de repetir el ciclo del gasto sin crecimiento, ni de convertir cada buena intención en una nueva institución. Mi calificación de 2.0 sobre 5 no es más que una advertencia: el país necesita equilibrio. Necesita justicia, pero con sostenibilidad. Y sobre todo, necesita recordar que la libertad individual (poner al individuo antes que cualquier institución o grupo social) no es un privilegio, es el punto de partida de toda igualdad real.

One comment on “Sobre los programas de gobierno: Frente Amplio

  1. 18th noviembre 2025 Antonio Rodríguez

    Quieren hacer a Costa Rica como a Cuba o Venezuela, venderle el país a dictaduras como la ONU, no van a reforzar las sentencias a criminales, van a perseguir a los cristianos y católicos por su fe y se van a aliar a narcos e islamistas (ambos misóginos) para poder financiar sus campañas sucias, vean el caso de la Claudia en México.
    Una pena que siempre ganan apoyo por sus «palabras bonitas» y abuso de eufemismos y mentiras que siempre emplean.

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