Durante los próximos días estaré compartiendo mi lectura de los programas de gobierno presentados ante el Tribunal Supremo de Elecciones por 8 partidos (Pueblo Soberano, Liberación Nacional, Unidad, Unidos Podemos, Avanza, Nueva República, Frente Amplio y este, Agenda Ciudadana). Lo hago desde mi perspectiva y con mis propias métricas (liberales claramente), desde lo que yo quiero como costarricense. En esto no hay recetas mágicas ni acuerdo generalizado. Lo que hay son visiones de país, prioridades, y sobre todo, criterio.
Los programas de gobierno me parecen importantes, pero no determinantes. Son una hoja de ruta, no un contrato. Ayudan a medir la coherencia del discurso, a identificar vacíos y a anticipar contradicciones. Pero al final, lo que más pesa es quién sostiene esas palabras, no cuántas páginas tiene el documento. El mejor programa en manos equivocadas es como una serenata en la fila de un Ebais. Y uno mediocre, si lo ejecuta alguien con carácter, puede transformarse en una historia de éxito.
Aun así, revisar los programas ayuda a separar el discurso fácil del pensamiento estructurado. Por eso, en este ejercicio he analizado los documentos de los principales partidos con base en principios que, a mi juicio, debe tener cualquier proyecto serio de gobierno: respeto por el individuo, responsabilidad fiscal, eficiencia estatal, apertura al mundo, competencia, innovación, transparencia y sentido práctico.
No es una lista académica, es una convicción personal.
Cada programa ha recibido una calificación global donde he evaluado veinte principios importantes como sino una forma de ordenar percepciones.
El programa de la Coalición Agenda Ciudadana, encabezado por Claudia Dobles, obtuvo una calificación de 2.7 sobre 5.
Un programa bien escrito, pero más de lo mismo
El documento de Agenda Ciudadana es, sin duda, uno de los más pulidos en su redacción. Tiene coherencia técnica, lenguaje sobrio y buena estructura. Se nota que le pusieron ganas y que quien lo hizo ha trabajado cerca del poder, entiende la gestión pública y domina la jerga institucional. Pero también se nota que viene del poder. Y eso, en este momento histórico, juega en contra.
El país atraviesa un ciclo emocional donde la gente no quiere que le hablen de planificación, sino de soluciones. El 45 % de los costarricenses, según el CIEP, identifica la inseguridad como su principal preocupación. Le siguen la corrupción, el costo de la vida y el desempleo.
El programa de Agenda Ciudadana menciona esos temas, pero lo hace con el tono de quien confía demasiado en el aparato estatal. Es decir, cree en el Estado como instrumento de cambio, no tanto en las personas como agentes de transformación. Esa es su principal virtud y su mayor debilidad. Virtud, porque el texto no improvisa. Debilidad, porque no inspira.
Estructura, pero poca alma
El plan propone una agenda ordenada: infraestructura, educación, política social, sostenibilidad, innovación y equidad. Todo suena razonable. Pero el hilo conductor es el mismo que hemos escuchado durante dos décadas: “un Estado que planifica, coordina y ejecuta”. En teoría, eso suena bien. En la práctica, es lo que nos tiene atascados. Y a mi, como liberal, me para los pelos.
No hay una apuesta clara por recortar duplicidades, por simplificar regulaciones, ni por reducir la carga burocrática que frena la inversión. El énfasis está en “articular”, “coordinar” y “garantizar”. Tres verbos que en Costa Rica suelen traducirse en comisiones, diagnósticos y promesas de coordinación interinstitucional. (me recuerdan a unas famosas mesas de diálogo y concertación)
Donde el documento se siente más cómodo es en el campo social: educación inclusiva, equidad de género, salud pública y vivienda digna. Todo con una sensibilidad progresista pero con poca conexión con las preocupaciones inmediatas del ciudadano promedio: seguridad, empleo y costo de vida.
En la parte económica, el texto habla de sostenibilidad, economía verde y reconversión productiva, pero no detalla cómo. No hay metas de déficit, ni medidas concretas para hacer más eficiente el gasto o simplificar el sistema tributario.
Tampoco hay una visión clara sobre el papel de la empresa privada. Se la menciona como “aliada estratégica”, pero sin profundidad.
El resultado es un programa que describe bien los problemas, pero no propone soluciones transformadoras.
El contraste entre propósito y ejecución
En política, las buenas intenciones valen poco si no se traducen en acciones posibles. Y eso es justamente lo que le falta a este documento: viabilidad práctica. La Coalición Agenda Ciudadana promete modernizar la educación, impulsar la innovación, fortalecer el Estado social y promover el bienestar integral.
Pero la pregunta que cualquier votante debe hacerse es: ¿cómo lo va a hacer?
El texto no responde con claridad. No define prioridades, no estima costos, ni detalla plazos.
Habla de gobernanza y de liderazgo colaborativo, pero el ciudadano ya ha escuchado eso demasiadas veces. Hoy quiere resultados medibles, no otra estrategia de “diálogo multisectorial”.
En temas clave como seguridad, el programa se queda corto. Habla de prevención y convivencia, pero no de control territorial, inteligencia policial o modernización de cárceles. Es un enfoque social más que operativo que no satisface la ansiedad de un país que se siente bajo asedio.
Un Estado grande en tiempos pequeños
El punto más problemático del plan de Agenda Ciudadana es su relación con el tamaño del Estado. El documento parte de la idea de que los desafíos nacionales: educación, pobreza, equidad se resuelven fortaleciendo al Estado. Graso error. Fortalecer rara vez significa mejorar.
Costa Rica no necesita un Estado más grande; necesita un Estado más ágil. No se trata de gastar más, sino de hacer mejor lo que ya se paga. El programa de Claudia Dobles parece no haber aprendido la lección del desgaste fiscal de la última década. Y la debacle del PAC. Habla de inversión social, pero no de disciplina presupuestaria. De transformación pública, pero no de racionalización.
Tampoco se detiene a pensar en cómo recuperar confianza ciudadana. La corrupción aparece mencionada, pero sin mecanismos concretos de prevención o sanción. Ni auditorías abiertas, ni trazabilidad digital, ni rendición de cuentas sistemática. Solo buenas intenciones.
En resumen, es un programa ordenado en el papel, pero conservador en la práctica. No por su ideología, sino por su falta de innovación real.
Mi lectura personal
Cuando evalúo un programa, busco tres cosas: claridad, coherencia y coraje.
Claridad para decir hacia dónde va. Coherencia para sostener lo que promete. Y coraje para desafiar inercias, intereses y narrativas cómodas. El plan de Agenda Ciudadana tiene claridad y coherencia dentro de su ideología que no comparto, pero carece de coraje.
No arriesga. No incomoda. No propone cambios que alteren el status quo. Y en un momento en que el país está pidiendo acción, no cautela, eso se nota.
Desde mi perspectiva, el mejor programa no es el que tiene más diagnósticos, sino el que asume responsabilidad: el que define qué dejará de hacer el Estado para permitir que la gente pueda hacer más. En ese sentido, Agenda Ciudadana se queda corta.
Su calificación de 2.7/5 no es una descalificación, es una constatación: es un plan técnicamente serio, pero políticamente tibio. Tiene estructura, pero no dirección. Tiene sensibilidad, pero no audacia.
Es el retrato de una visión estatista que ya no dialoga con el país real: ese país que, según el CIEP, está preocupado, inseguro y cansado.
Excelente, Don Jorge
Espero el resto de las evaluaciones a los partidos restantes
Saludos