Sobre los programas de gobierno: Avanza


Sexto artículo de esta serie (faltan dos). El turno es para Partido Avanza, encabezado por José Aguilar, cuyo plan de gobierno es uno de los más equilibrados y sensatos: un texto con vocación liberal, lenguaje ciudadano y un enfoque pragmático que combina ética, productividad y orden fiscal.

No es un programa dogmático, pero sí uno claramente orientado al individuo y a la eficiencia estatal. En el ranking comparativo de mi escala, obtuvo una calificación de 4.3 sobre 5: un liberalismo pragmático, tecnocrático y ciudadano, con énfasis en seguridad, ética y productividad.

Un liberalismo práctico: menos dogma, más ejecución

El programa de Avanza parte de una premisa clara: el país necesita liberar la economía y modernizar el Estado, sin romper su tejido social. No hay retórica antisistema ni promesas maximalistas. El texto mantiene un equilibrio entre crecimiento y bienestar, apostando a la eficiencia como puente entre ambos. Desde el inicio, el plan habla de “reducir el peso del Estado improductivo”, “profesionalizar la función pública” y “descentralizar la ejecución hacia donde se producen los resultados”. A diferencia de programas más ortodoxos, no busca achicar el Estado de golpe, sino ordenarlo y medirlo.

Por ejemplo, plantea:

  • La fusión o cierre de instituciones redundantes, previa auditoría de desempeño.
  • Una política de austeridad permanente, vinculada a metas de eficiencia.
  • La digitalización de procesos públicos y la evaluación por resultados como principio de gestión.

Todas esas medidas están en el documento, descritas con tono técnico y lenguaje simple. El plan no se pierde en filigrana burocrática: explica qué quiere hacer y por qué. Y eso, en la cultura política costarricense, ya es un mérito.

Economía y finanzas públicas: realismo con propósito

El programa económico de Avanza combina responsabilidad fiscal con estímulo productivo. Reconoce la importancia de la estabilidad macroeconómica, pero también la necesidad de generar crecimiento. Propone “mantener el equilibrio financiero del Estado” y “revisar la estructura del gasto público para reorientarlo hacia inversión y productividad”. No utiliza eufemismos: identifica la deuda y el déficit como problemas centrales, y plantea contener el gasto corriente, no aumentarlo.

Eso lo diferencia de los programas estatistas o asistencialistas (PLN, Agenda Ciudadana, FA). Sin embargo, en paralelo, propone la creación de un Fondo de Innovación y Emprendimiento Regional y un Programa Nacional de Apoyo a la Micro y Pequeña Empresa, ambos financiados con recursos públicos. (aquí levanto una ceja)

Ahí aparece una contradicción moderada: las iniciativas son correctas, pero fiscalmente sensibles si no se acompañan de reglas claras.

En materia de empleo, el plan es más concreto:

  • Incentivos para el primer empleo y la formalización laboral.
  • Actualización del INA y los colegios técnicos para vincular educación con demanda productiva.
  • Creación de plataformas de intermediación digital para conectar empresas con trabajadores.

No promete empleo estatal, sino empleabilidad. Y eso, desde mi óptica es lo correcto: dar herramientas, no dependencias.

Competitividad, energía e innovación

Uno de los capítulos más interesantes del programa es el de productividad e innovación. Plantea aprovechar la matriz energética limpia del país para atraer inversión, pero sin alterar la estructura monopólica actual.

Propone “fortalecer las empresas públicas del sector energético” y “ampliar su capacidad de generación renovable”. Eso revela una visión más estatista de la energía, coherente con su pragmatismo, pero alejada del libre mercado. (la otra ceja levantada)

En cambio, en innovación, el programa se mueve con soltura. Sugiere crear centros regionales de desarrollo tecnológico articulados con universidades públicas y gobiernos locales, para transferir conocimiento a pymes y promover emprendimientos de base tecnológica. Es un enfoque inteligente, descentralizado y factible si se maneja con gobernanza clara.

También plantea modernizar el marco legal de inversión y mejorar la coordinación entre banca pública y privada. No es rupturista, pero sí reformista: busca adaptar el sistema existente a los desafíos productivos actuales.

Gobernanza y ética pública: un pilar bien construido

El bloque institucional del programa es uno de los más sólidos. Plantea una “política nacional de ética pública”, con publicación obligatoria de contratos y compras estatales en línea, protocolos de probidad y evaluación ciudadana del desempeño institucional.

A diferencia de otros partidos, Avanza no convierte la ética en consigna moralista, sino en práctica administrativa. Además, propone un sistema de rendición de cuentas por resultados, con auditorías ciudadanas anuales y mecanismos de evaluación digital.

Eso demuestra comprensión moderna de gobernanza: la ética no se predica, se gestiona.

El único vacío es el de sanción: no se precisa cómo se haría cumplir efectivamente. Pero, en el contexto de los demás programas, es uno de los enfoques más realistas en materia de integridad pública.

Seguridad y convivencia: orden técnico, no populista

El programa aborda la seguridad desde la gestión, no desde el miedo. Parte de un diagnóstico correcto: crecimiento del crimen organizado, saturación penitenciaria y debilidad en la prevención juvenil. Plantea fortalecer la Policía de Fronteras, crear brigadas mixtas de seguridad preventiva y articular gobiernos locales, policía y comunidad educativa. Es un enfoque equilibrado: ni punitivismo ni garantista.

No hay promesas imposibles ni lenguaje belicista. Pero sí falta jerarquización: las medidas se presentan juntas: control fronterizo, formación, convivencia, sin distinguir prioridades ni recursos. Y sin estrategia integral de inteligencia criminal o reforma penitenciaria, el plan se queda corto frente al tamaño del desafío.

Mi lectura personal

El programa de Avanza es un punto medio entre la tecnocracia y el reformismo liberal. Tiene orden, claridad y sentido práctico. Habla el idioma de la administración, no de la ideología, y eso lo hace creíble.

Su mayor virtud es la consistencia: todo el documento apunta a un mismo objetivo: eficiencia con responsabilidad. No improvisa ni se contradice. Y en un panorama electoral plagado de ocurrencias, eso ya lo distingue.

Su debilidad está en subestimar la resistencia institucional que enfrentaría cualquier intento de reforma.El plan asume que basta con voluntad y método, pero la realidad política costarricense exige algo más: músculo, liderazgo y confrontación con intereses de años. Está bien ser optimista; pero no tanto.

La calificación de 4.3 sobre 5 refleja eso: un programa serio, liberal y pragmático, pero todavía conservador en sus límites. Tiene estructura, ética y moderación, pero le falta la ambición reformista que el momento demanda.

CONCLUSION

El Partido Avanza representa una corriente política poco frecuente en Costa Rica: la del liberalismo que cree en la libertad individual, pero también en la función social de la eficiencia. Su programa no busca refundar el Estado, sino hacerlo útil. No promete milagros, promete orden. En un país fatigado de discursos, ese enfoque sereno puede ser su mayor virtud. Costa Rica necesita sensatez, sí, pero también audacia.

José Aguilar y su equipo entienden bien los problemas estructurales del país; ahora deben demostrar que también entienden la política real. Porque las buenas ideas no sobreviven a las malas inercias si no hay liderazgo para sostenerlas. El programa de Avanza deja una lección clara: la eficiencia es la nueva justicia social, y la ética pública empieza cuando el Estado deja de ser obstáculo para convertirse en herramienta.

2 comments on “Sobre los programas de gobierno: Avanza”

  1. 14th noviembre 2025 Jorge Perez

    Gracias Don Jorge por su eficaz y esclarecedora intervención para despejar , a los neófitos, dudas y desaciertos. Como bien dice, en CR, excelente ideas y objetivos, sin músculo legislativo y de liderazgo en el ejecutivo, son cartas a los Reyes Magos

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