Entre el ruido y lo esencial: un llamado a participar en la campaña electoral.


Ayer comenzó oficialmente la campaña electoral en Costa Rica. Todo apunta a que será una de las contiendas más sucias y difíciles que hemos vivido en tiempos recientes. No se trata de una apuesta, basta ver la manera en que las redes sociales se han convertido en focos de ataques personales, rumores y descalificaciones. La política no es, desde hace mucho, debate racional.

El espejismo de las campañas

Las campañas, por su naturaleza, son un espectáculo. No debería sorprendernos que los partidos intenten captar la atención con frases de efecto, con confrontaciones diseñadas para obtener titulares o con la búsqueda del “golpe” mediático. Pero lo preocupante es cuando la forma termina sustituyendo al fondo, y cuando la estrategia electoral se centra más en destruir al adversario que en construir soluciones para la ciudadanía.

En esta ocasión, ese riesgo parece mayor que nunca. La fragmentación política, la ausencia de liderazgos consolidados y la falta de partidos con arraigo profundo han creado un terreno fértil para la atomización y la confrontación.

En ese contexto, lo que más se necesita es claridad: la claridad de que una campaña no es un monolito, sino un espacio de múltiples capas. Existen distintos segmentos del electorado, con distintas preocupaciones, que merecen propuestas diferenciadas y no simples discursos de ocasión.

El espejismo de la segunda vuelta

He señalado que la pregunta estratégica central para cualquier partido es cómo asegurar un espacio en la segunda ronda. Ese escenario parece probable, aunque no es del todo seguro. Lo que sí es seguro es que el país enfrentará una oposición fragmentada y un electorado que ya no se identifica con las viejas estructuras del bipartidismo.

Pero incluso más importante que calcular cómo llegar a la segunda vuelta es preguntarse: ¿llegar para qué? ¿Qué modelo de país se propone? ¿Qué soluciones concretas se ponen sobre la mesa? ¿Qué compromisos se adquieren con los sectores más necesitados?

Porque si la segunda vuelta se convierte en un simple enfrentamiento de etiquetas: estatismo vs. liberalismo, oficialismo vs. oposición, progresismo vs. conservadurismo, habremos perdido de vista lo esencial: que las propuestas deben responder a problemas reales, no a categorías ideológicas.

El error de centrar todo en el Presidente

Existe otro riesgo que quiero subrayar: el de convertir al actual Presidente en el eje central de la campaña. Es innegable que el mandatario es un actor político relevante y polarizante. Pero conviene recordar algo obvio: él no está en campaña. Los que están en campaña son los partidos y sus candidatos.

Por eso, insistir en atacar al presidente como estrategia electoral es un error. No solo porque desvía la atención de lo verdaderamente importante, sino porque además invisibiliza el rol que deberían jugar los aspirantes a gobernar. Una campaña es la oportunidad para mostrar liderazgos alternativos, propuestas diferenciadas y visiones de futuro. Reducirla a un referéndum sobre el estilo presidencial es empobrecer el debate.

Privilegios y realidades

Aquí quiero detenerme en una reflexión incómoda. He visto cómo buena parte de quienes critican al presidente por su estilo confrontativo, por sus formas, por el riesgo que supuestamente representa para la democracia lo hacen desde posiciones de privilegio. Hablo de quienes tienen asegurado su empleo, su ingreso, su red de contactos, su acceso a servicios privados de salud y educación.

Desde ese privilegio, es fácil indignarse por los modales, por las frases altisonantes o por la retórica incendiaria. Pero para la mayoría del país esas formas importan poco o nada. Lo que importa es si al final del mes alcanza para pagar el recibo de la luz, si hay seguridad para llegar a la casa sin miedo, si el hospital tiene medicinas, si el bus pasa a tiempo, si el hijo consigue trabajo después de graduarse.

Esa es la diferencia entre debatir desde la comodidad y vivir la política desde la urgencia. Y me temo que muchas de las discusiones actuales parten de esa desconexión.

El verdadero examen de la campaña

Por eso, quiero hacer un llamado a lo esencial: más allá de las críticas, más allá de los privilegios, lo que debe guiar nuestro voto es una evaluación crítica de las propuestas.

La pregunta es simple: ¿están resolviendo los candidatos los problemas reales de la gente? ¿Están pensando en los sectores menos favorecidos, en los que cargan con la peor parte de la ineficiencia y del estatismo? ¿O están construyendo plataformas vacías, diseñadas para ganar aplausos rápidos y titulares pasajeros?

Una democracia madura no se mide por la intensidad de sus discursos, sino por la capacidad de sus actores de responder a las necesidades de la mayoría. Y esa es la vara con la que deberíamos medir esta campaña.

El deber de participar

Ante la suciedad que se anticipa, muchos podrían tentarse a dar un paso atrás. “Todos son iguales”, “para qué votar”, “nada va a cambiar”. Esa tentación es peligrosa. La democracia no peligra por el estilo del presidente ni por los insultos de campaña. La democracia peligra cuando los ciudadanos nos desentendemos, cuando dejamos que otros decidan por nosotros, cuando renunciamos al deber de exigir y participar.

No hay espacio para la indiferencia. La abstención es la mejor aliada de quienes quieren mantener las cosas como están.

Participar no es solo votar. Es también cuestionar, comparar, exigir coherencia, pedir cuentas. Es entender que la política no es un asunto lejano, sino que define el precio de la canasta básica, la calidad de la educación de nuestros hijos, la seguridad en nuestros barrios, la sostenibilidad de nuestra economía.

Un llamado final

En conclusión, la campaña que apenas inicia no será fácil ni limpia. Pero sí puede ser una oportunidad. Una oportunidad para que la ciudadanía envíe un mensaje claro: que no estamos dispuestos a aceptar promesas vacías, que exigimos soluciones concretas y que el centro del debate deben ser los problemas reales de la gente.

Ese es el reto que tenemos por delante. No se trata de escoger al candidato perfecto, porque no lo hay, sino de identificar quién ofrece la ruta más seria, más realista y más comprometida con el bienestar de todos, especialmente de los menos favorecidos.

La historia demuestra que cuando los ciudadanos se involucran, la política mejora. Que cuando dejamos de ser espectadores y nos convertimos en actores, el rumbo del país cambia.

Por eso, más allá de la suciedad de la campaña, más allá del ruido de las redes sociales, más allá de los privilegios desde los que algunos opinan, el llamado es claro: participemos, exijamos, votemos.

La democracia no se defiende con discursos, se defiende ejerciéndola.

2 comments on “Entre el ruido y lo esencial: un llamado a participar en la campaña electoral.

  1. 3rd octubre 2025 Carlos Pineda

    Excelente comentario don Jorge, muy atinado, lo felicito 👌🏻😉

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