Hacia una sola voz liberal en Costa Rica


El otro día escribí un artículo en Primera Línea CR abogando por implementar el Análisis de Impacto Regulatorio (AIR) en la formulación de políticas públicas. Mi intención era promover una herramienta que obligue a la Asamblea a evaluar el costo-beneficio de cada nueva regulación, asegurando que las normas sirvan al interés general y que sus beneficios superen sus costos . Para mi sorpresa, una persona de tendencia libertaria me increpó calificándome de estatista por, según él, querer agregar más burocracia. Ironías de la vida: yo sostenía que el AIR, lejos de sumar trámites inútiles, previene regulaciones abusivas, proyectos «chayote» y reduce la burocracia innecesaria al exigir justificación técnica para cada regla nueva. Esta anécdota, más que molestarme, me dejó pensando en un tema de fondo: somos pocos los liberales en Costa Rica y aun así a veces nos desgastamos peleando entre nosotros en lugar de trabajar unidos.

Una minoría liberal en tierra tica

Históricamente, Costa Rica fue en sus orígenes un país de fuerte influencia liberal; de hecho, la hegemonía liberal marcó la política nacional desde la independencia hasta mediados del siglo XX . Sin embargo, eso cambió drásticamente con las reformas sociales de los años 40 que dieron paso al Estado de «bienestar». Desde entonces, las corrientes socialdemócrata (liberacionista) y socialcristiana (calderonista) dominaron el panorama político, quedando relegadas las ideas económicas liberales.

Los datos recientes confirman esa condición minoritaria. En la elección de 2018 ningún partido abiertamente liberal logró escaños legislativos, y los liberales estuvimos prácticamente sin voz en la Asamblea Legislativa . Para 2022 surgieron nuevas opciones liberales y libertarias, destacando especialmente el Partido Liberal Progresista (PLP), fundado en 2016. En su primera campaña nacional el PLP obtuvo alrededor del 12% del voto presidencial –quedando en cuarto lugar– y ganó 6 curules de 57 en la Asamblea Legislativa . Si bien ese avance marcó el retorno de una bancada liberal tras décadas, sigue siendo un porcentaje modesto: ocho de cada diez costarricenses optaron por otras propuestas. Otras agrupaciones de corte liberal (como el histórico Movimiento Libertario de los 2000, el nuevo partido Unión Liberal , o Unidos Podemos liderado por exlibertarios) quedaron muy rezagadas . El Movimiento Libertario, que antaño fue la principal fuerza derechista, venía debilitado al punto de caer al 1% de apoyo en 2018 y perder toda representación legislativa . En resumen, el panorama actual muestra a un movimiento liberal fragmentado y pequeño en términos de apoyo popular.

Este contexto explica por qué muchas personas en Costa Rica no se identifican como liberales o tienen nociones erróneas sobre el liberalismo. Durante años, el término “liberal” e incluso “neoliberal” se ha usado casi como un insulto político. De hecho, algunos sectores llegaron a tildar la recién emergente bancada liberal de “extrema derecha” y de ser “radicalmente neoliberal” por proponer medidas pro-mercado y de reducción del Estado. Para la mayoría de ticos, acostumbrados a un Estado fuerte en la economía, nuestras ideas suenan extrañas o amenazantes. Educar sobre los principios liberales y sus beneficios es, por tanto, una tarea pendiente y crucial. Pero antes de educar hacia afuera, debemos lograr concordia hacia adentro.

Liberalismo clásico, progresista y libertario: diferencias y coincidencias

Dentro del amplio paraguas liberal conviven varias corrientes, y en Costa Rica solemos encontrar al menos tres grupos de pensamiento afines pero no idénticos:

  • Liberalismo clásico: Defiende el gobierno limitado, los mercados libres y las libertades individuales fundamentales. Un liberal clásico aboga por reducir el intervencionismo estatal en la economía, mantener finanzas públicas sanas y respetar la propiedad privada, pero sin llegar a desmantelar por completo el Estado. Me considero parte de esta tradición: creo en la economía de mercado y el Estado de Derecho, acompañados de instituciones austeras pero eficaces.
  • Liberalismo progresista: Es una vertiente más integral o moderada que combina liberalismo económico con liberalismo social y reformas graduales. En lo económico comparte la defensa de la libre empresa y la competencia, pero acepta cierto rol del Estado en garantizar redes de protección básica o corregir fallas de mercado de manera focalizada. En lo social, el liberalismo progresista suele apoyar causas de libertad personal y derechos civiles (por ejemplo, matrimonio igualitario, legalización de cannabis medicinal, fecundación in vitro, etc.); es decir, propugna una sociedad más abierta e inclusiva. El actual Partido Liberal Progresista se inscribe en esta corriente, presentándose como un partido liberal tanto en lo económico como en lo cultural . Esta aproximación busca quitarle al liberalismo el estigma de insensibilidad social, demostrando que promover la iniciativa privada es compatible con el progreso social y el respeto a las minorías.
  • Libertarianismo (libertarismo): Representa la versión más radical y minimalista del liberalismo. Un libertario puro aboga por reducir el Estado a su mínima expresión (“Estado mínimo” o incluso su eliminación en casos anarcocapitalistas), dejando prácticamente todas las decisiones en manos del mercado y de los individuos. En la práctica, los libertarios rechazan casi cualquier nuevo trámite o regulación, aún si su fin pudiera ser mejorar la eficiencia gubernamental. Por ejemplo, ante la propuesta de implementar el Análisis de Impacto Regulatorio, un libertario típicamente ve un nuevo requerimiento burocrático donde un liberal clásico ve un mal necesario para frenar abusos. El libertarismo costarricense estuvo representado principalmente por el Movimiento Libertario durante las dos primeras décadas de este siglo. Curiosamente, dicho partido debió moderar algunas de sus posturas iniciales porque resultaban “demasiado radicales para el elector costarricense promedio”, se llegó a plantear privatizar todas las instituciones públicas y eliminar todos los monopolios estatales, algo políticamente inviable en su momento. Los libertarios comparten con los liberales clásicos la meta de maximizar la libertad económica, pero difieren en el ritmo y alcance de las reformas (prefieren cambios drásticos e inmediatos).

A pesar de sus matices, estas corrientes comparten un mismo tronco filosófico. En esencia, todo liberal –sea clásico, progresista o libertario– valora la libertad del individuo, la igualdad de todos ante la ley, el imperio de normas claras (seguridad jurídica) y la iniciativa privada como motor de prosperidad . También nos une el escepticismo frente al poder estatal desmedido y la convicción de que una sociedad de personas libres y responsables genera mejores resultados que una sociedad tutelada en exceso. Son coincidencias fundamentales, mucho más importantes que las diferencias tácticas o de grado. Por eso resulta paradójico que, siendo tan pocos en el país, los liberales dediquemos energía a pelearnos internamente. Necesitamos reenfocar esa energía en cooperar y persuadir, no en dividirnos por etiquetas.

Unidad y pragmatismo antes que purismo

La anécdota inicial, que me llamen estatista por proponer una reforma que, a mi juicio, limita los abusos del Estado, es un ejemplo de las fracturas innecesarias que a veces nosotros mismos fomentamos. Es comprensible que existan desacuerdos: un libertario podría argumentar que la única solución válida es derogar regulaciones, mientras un liberal más moderado proponga evaluarlas y mejorarlas mediante un AIR. Debatir estas tácticas es sano. Lo que no suma es descalificar al otro como “menos liberal” o traidor a la causa por pensar distinto en los medios para llegar al objetivo común. Cuando caemos en esas descalificaciones mutuas (estatista vs. extremista, por ejemplo), enviamos un mensaje de división que debilita al movimiento liberal en conjunto. Además, perdemos credibilidad ante la opinión pública: ¿cómo aspirar a liderar cambios nacionales si ni siquiera podemos dialogar constructivamente entre nosotros?

En lugar de purismos y peleas internas, propongo abrazar un pragmatismo liberal. Esto significa priorizar los avances posibles aquí y ahora, aunque sean graduales, sin renunciar a nuestros ideales últimos. Volviendo al ejemplo del Análisis de Impacto Regulatorio: tal vez no sea la panacea libertaria, pero es una herramienta ya establecida por ley que, si se aplica rigurosamente, puede evitar regulaciones innecesarias y frenar la “tramitomanía” que asfixia a ciudadanos y empresas . Impulsar que se cumpla ese análisis costo-beneficio en cada regulación nueva sí reduce la burocracia en la práctica, aunque formalmente añada un paso al proceso legislativo. Es un mal menor que conduce a un bien mayor (menos leyes absurdas). Un liberal pragmático entiende esto y prefiere lograr ese progreso incremental a quedarse de brazos cruzados esperando la revolución liberal perfecta que quizá nunca llegue.

Ser pragmáticos también implica buscar alianzas y consensos más amplios. Dado que el liberalismo es minoría electoral, para incidir en políticas públicas debemos articularnos con otros sectores en aquellos puntos donde haya objetivos comunes. Por ejemplo, muchos costarricenses, aunque no se llamen liberales, están a favor de la simplificación de trámites, la lucha contra la corrupción, la eficiencia en el gasto público y la generación de oportunidades mediante el emprendimiento. Esas banderas podemos liderarlas los liberales, tendiendo puentes con moderados de distintas tiendas políticas. Si nos parapetamos en la pureza ideológica y nos negamos a “conciliar posiciones”, corremos el riesgo de quedarnos hablando solos. Por el contrario, si mostramos flexibilidad y amplitud, podremos influir más en la agenda nacional sin traicionar nuestros valores esenciales.

Educar y dialogar: claves para un movimiento liberal fuerte

Si deseamos que más costarricenses vean en el liberalismo una opción válida y atractiva, tenemos que educar con el ejemplo y con la palabra. Con el ejemplo, demostrando que nuestros principios generan resultados positivos donde se aplican: menos burocracia, más emprendimientos, mayor prosperidad y respeto a las libertades civiles. Con la palabra, explicando pacientemente qué proponemos y desmontando mitos. Debemos aclarar que ser liberal no significa estar “en contra de los pobres” ni “a favor de los ricos exclusivamente”, como a veces caricaturizan nuestros detractores, sino estar a favor de que cada persona, sin privilegios ni trabas arbitrarias, pueda salir adelante con su esfuerzo, en una sociedad con reglas justas. También es importante recalcar que limitar al Estado no es por capricho ideológico, sino porque un Estado sobredimensionado suele volverse ineficiente y abrir espacios a la corrupción, algo que en Costa Rica conocemos bien. En ese sentido, cuando pedimos revisar el tamaño y funciones del gobierno, lo hacemos pensando en el bien común, no por dogma. Esta pedagogía pública es un reto enorme, y para afrontarlo exitosamente los liberales necesitamos estar unidos.

La unidad no implica uniformidad total ni que eliminemos el debate interno. Significa más bien mantener un diálogo permanente y respetuoso entre las distintas corrientes liberales para encontrar una visión compartida de país. Podemos, y debemos, discrepar en ciertos matices (es sano que así sea, pues nos obliga a afinar las ideas), pero mostrando un frente común en lo esencial. Si nos sentamos a conversar, descubriremos que libertarios, liberales clásicos y liberales progresistas queremos en el fondo lo mismo: un Costa Rica con más libertad y prosperidad para todos, sin clientelismos ni autoritarismos.

En la práctica, este llamado a la unidad podría traducirse en esfuerzos coordinados, por ejemplo: coaliciones electorales o consolidación de partidos liberales dispersos en una sola plataforma amplia donde quepamos todas las tonalidades del liberalismo costarricense. ¿Por qué tener tres, cuatro o cinco partidos pequeños compitiendo entre sí por el mismo nicho de votantes liberales, cuando podríamos tener uno solo fuerte y con voz más potente? La fragmentación solo nos resta fuerza. Más allá de siglas, lo esencial es la unidad de propósito. Ojalá logremos articular una especie de “gran alianza liberal” nacional. Las diferencias internas se pueden canalizar vía corrientes o tendencias dentro de ese movimiento unificado, sin necesidad de presentarnos divididos ante el electorado.

En conclusión, invito a todos mis colegas liberales, sean de la escuela que sean, a bajarle dos rayitas al discurso y pelea internas y a subir el volumen de nuestras ideas ante el país. Costa Rica necesita un liberalismo moderno, empático y constructivo, que aporte soluciones reales a los problemas actuales (inseguridad, desempleo, desigualdad de oportunidades, educación, costo de vida) sin dogmatismos pero con principios firmes. Tenemos la ventaja de contar con principios probados por la historia (libertad, legalidad, iniciativa individual) y con ejemplos globales de cómo esas ideas bien aplicadas generan progreso. Aprovechemos esa base común para dialogar y ofrecer una visión coherente de futuro. Si logramos presentarnos ante la ciudadanía con una sola voz liberal, más fuerte, inclusiva y pragmática, estoy convencido de que podremos dejar de ser esa minoría ruidosa para convertirnos en una mayoría convincente que lleve a Costa Rica por la senda del desarrollo y la libertad responsable. La unión hace la fuerza, también en el liberalismo. No perdamos de vista que nuestros verdaderos adversarios son la pobreza, la corrupción y el estatismo ineficiente, no otros liberales con quienes diferimos en detalles. En vez de estatistas vs. libertarios, seamos liberales unidos empujando hacia un país más libre, próspero y justo. ¡Ese es el debate y el diálogo que vale la pena dar! 

2 comments on “Hacia una sola voz liberal en Costa Rica

  1. 9th octubre 2025 Roberto Salazar v.

    Estoy de acuerdo totalmente en la unificación de movimientos con los libertarios, pero definitivamente no con los progresistas, pues estos no creen en la libertad individual, porque si el estado se usa para alcahuetear los derechos de unos pocos, pisoteando los de la mayoría!!

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    • 10th octubre 2025 Jorge Dengo

      Si es dentro de la corriente liberal progresista o que nace desde principios del Siglo XX, si vale la pena. No hay que confundir a las personas de esa ideología con los progres de hoy en día. Algunos liberales progresistas en CR, eso si, no conocen esta distinción y si son progres.

      Responder

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